domingo 13 de diciembre de 2009

El terror del coro de ángeles


Cuando era chica, a mi madre se le ocurrió que debía ir a un coro. Y yo debe ser que había escuchado la expresión coro de ángeles, , porque cada vez que me repetía la idea, yo pensaba en una sala blanca llena de niños rubios, con túnicas blancas y antorchas en las manos. Una maquinaria musical pero de querubies.
Me daba terror.
En algún momento debe haber aceptado, y allí estaba parada en primera fila en la zona de los mezzosopranos, moviendo la boca.
Nos vestían con un jumper negro con vivos rojos, camisa blanca cancanes rojos de lana y una boina también roja. Me acuerdo del calor, y de la transpiración de la cabeza, que hacía que la boina se resbalara.
En cierto sentido era una exposición odiosa. Pero música como la de ese coro de niños no volví a escuchar.
Cantabamos en portugués, en latín, en alemán y hasta en japonés, una canción hermosísima llamada sakura que hablaba de duraznos en flor, y otra en un lenguaje inventado que era de una mariposa y un mariposón.
Fotografía Flavia Da Rin

sábado 12 de diciembre de 2009

Grafía de fotos


Fotografía Sebastián Gonzalez. Tucumán.De la serie colectiva Tucumán en Imágenes.

Día pesado


Salíamos a las 5.50 am a una asamblea en Amaicha del Valle. Me acuesto a dormir, sin poder dejar de leer un cuento más de un tal lucas...Me debo haber dormido como a la 1. A las 4.30 suena mi teléfono, aunque no lo recuerdo, mi mente se despierta recién cuando tengo el celular en la mano, y estoy pidiendo disculpas a la coordinadora por haberme dormido. Me dice que que todavía no es la hora. Y que por la tormenta se suspende el viaje hasta nuevo aviso. Quizás a las 6 se defina.
A las 6.30 pongo el despertador, mando un mensaje preguntando si ya puedo dormir tranquila, de un solo tirón hasta las 12 y me informan que en media hora tengo que estar en las estaciones mellizas para partir y que es probable que nos quedemos a pasar la noche en los Valles. LLamo a Pia para avisarle, aunque no se si tengo bien anotado su número.
Me levanto a los manotazos,pongo un piyama de verano en mi cartera. Me voy semidormida. Llego a las estaciones gemelas y no hay nadie. Se fueron a las 5.30, conmigo.
Fotografía Julieta Anaut. Ofelia en el cristalino arroyo.

Manzanas y no manzanas. Números y sin números


Siempre me ha producido un enorme encanto escuchar que la gente vive en un barrio tanto, casa x manzana x.Es que en mi mente la manzana 1, 2 , 3 , la que sea, aparece como redonda fruta madura, roja, tan brillante como en el cuentos de la blancanieves. No hay una sola vez en la que no me la imagine de esa manera, en total abandono del la cadrícula parcelaria de catastro.
Vivir en una manzana...
Todo lo contrario me pasa cuando oigo decir a un niño que su escuela tiene número, pero no nombre. Es que a nadie debe gustarle ir a las escuela 397, o 156. Es como si fueran para presidiarios y no para infantes. Habiendo tantos nombres de fantasías para ponerles, como "Reinado", "La tierra de las abichuelas", o "día de sol", no se explica la falta de genio de los señores nombradores.
Ni qué decir de cuando me entero de la situación de aquellos que viven en calle S/N y s/n, sin nombre y sin número. Es como si las coordenadas no existieran, como si el lugar en el que habitan en el mundo desapareciera tras esas referencias vacias de todo. Indican un no lugar, que deja de existir aún cuando se lo nombra, contrariando a todos los especialistas de la ontología del lenguaje y sus derivados.
Fotografía de Gaspar Rodriguez Campos. Tucumán

jueves 10 de diciembre de 2009

SE VIENE

miércoles 9 de diciembre de 2009

La necesidad de los paraguas


Los neoyorquinos tienen buen humor.Las argentinas no tanto
Habíamos salidos al teatro caminando, elegantes. Las dos hermanas solas.
El paso obligado por Time Square, vista de reojo a los anuncios. Y llegada a tiempo a la fila para ver la obra en Broadway.
Hermosa la presentación, aplausos, lágrimas de emoción, "te dije que no nos arepentiríamos" y todos esos comentarios que a uno lo halagan por haber tomado la decisión correcta. Salimos flotando en una nube de canciones de bajo el mar, de colores, y trajes de lentejuelas y fluor.
Apenas pusimos un pie fuera del edificio, nos dimos de lleno con una circunstancia no tenida en cuenta. Estaba lloviendo. Salimos enojadas, pensando que nos podría haber pasado cualquier otro día, no justo cuando nos habíamos dispuesto a usar las mejores ropas, los peinados, cuando necesitábamos caminar airosas, hermosas, en un viaje en el que habíamos andado demacradas.
A las cenicientas el tiempo se les había terminado. La vuelta al hotel, saltando charcos y maldiciendo los tacos altos.
Un vendedor de paraguas se nos acercó ofreciendo umbrellas por 30 dollars. Le dije que - no, thanks very, very much.
Me contestó entre risas en un inglés apurado. -Es cierto ¿para qué quiere alguien un paraguas una noche como ésta?

Grafía de fotos


El cadillal. ¿Alice in Wonderland? Alicia en el país de las maravillas. Un ajedrez gigante para piezas humanas.
Foto Pilar Elloriaga. De la Serie colectiva Tucumán en Imágenes.